13/9/26

El crítico de las orejas largas


—Aquí me tenéis, haciendo como que leo y aprecio el libro publicado por el señorito —declaró Aníbal, ajustándose las gafas sobre el hocico—. No aparece ni un solo perro, y yo creo que son imprescindibles en una buena novela de ciencia ficción.

Había examinado *El equilibrio en Origen* con el rigor de un crítico literario: primero olfateó la portada, después inspeccionó el lomo y, finalmente, se tumbó sobre el capítulo tercero. Aseguraba que aquella era su manera de «absorber la trama».


—Muchas naves espaciales, mucha inteligencia artificial y mucho planeta misterioso —gruñó—, pero ¿quién vigila la nave cuando todos duermen? ¿Quién detecta a los extraterrestres antes que los sensores? ¿Quién encuentra a los prófugos y, de paso, la despensa?

El autor intentó explicarle que Némesis, la inteligencia artificial, controlaba hasta el último rincón de la Argos.

—¿Y mueve el rabo cuando regresan los tripulantes?

—No.

—Entonces no es tan inteligente.

Aníbal continuó leyendo hasta quedarse dormido con una oreja señalando la página 127. Al despertar, emitió su dictamen definitivo:

—La novela tiene aventuras, conflictos, colonos, conspiraciones y un planeta entero que salvar. Está bastante bien para haberla escrito un humano. Le concedo cuatro huesos sobre cinco.

—¿Y por qué no cinco?

El crítico miró al autor por encima de las gafas.

—Porque no sale ningún perro. Pero tranquilo, señorito: en la segunda parte todavía estás a tiempo de corregir ese grave error literario.

Texto y vídeo generados con Chat GPT y HeiGen

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