9/9/26

Un dinosaurio con derechos laborales


El dinosaurio entró en el aseo del museo refunfuñando y se puso a lavarse las garras.

—¡Esto es indignante! Te manchas todo de sangre y no te ponen ni una servilleta. Mucha reconstrucción histórica, mucho panel interactivo, pero de atención al dinosaurio, nada.

El vigilante asomó la cabeza por la puerta.

—Señor Rex, le hemos dicho muchas veces que no puede comerse a los visitantes.

—¡Pues que no se acerquen tanto para hacerse selfis! Uno tiene sus instintos. Además, ese llevaba una camiseta que decía: «Carne fresca». ¿Qué querían que entendiese?


Mientras intentaba sacar papel del dispensador con sus diminutos brazos, continuó protestando:

—En el Parque Jurásico teníamos caravana individual, comida abundante y podíamos circular por toda la isla con el pase BIP.

—¿Pase BIP?

—“Bestia Importante del Parque”. Abría todas las puertas. Bueno…, unas veces con la tarjeta y otras con la cabeza.


El vigilante le recordó que en el museo disponía de calefacción, seguro veterinario y dos descansos diarios.

—¡Descansos! —rugió el dinosaurio—. Llevo sesenta y cinco millones de años descansando. ¡Lo que necesito es acción!

—También tiene contrato indefinido.


El tiranosaurio se quedó pensativo.

Finalmente, arrancó el dispensador de la pared, se secó las garras con él y salió muy digno.

—Voy a presentar una reclamación al director.

—Está comiendo en la cafetería —respondió el vigilante.

Los ojos del dinosaurio se iluminaron.

—Perfecto. Así resolveremos dos problemas a la vez: mi reclamación y el almuerzo.

Texto creado con Chat GPT

Imagen descargada de la red.

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