“lo que no se cuenta del niño que se mea en la cama”
En Langreo, a las seis y media de la mañana, la casa de los Suárez huele a café recién hecho y a ese inconfundible olor metálico que dejan las sábanas húmedas. Marta, 37 años, madre de dos, lo cuenta con la serenidad de quien ha aprendido que hay batallas domésticas que no se ganan con rigidez, sino con paciencia.
—No es culpa suya, pero tampoco es fácil para él —dice mientras tiende la colcha en el patio—. Se despierta avergonzado, como si hubiese fallado en algo.
Su hijo, Diego, de siete años, lleva mojando la cama desde que dejó el pañal. Su pediatra le explicó lo que las estadísticas confirman: uno de cada diez niños de esa edad tiene enuresis nocturna. No es una cifra menor. En las cuencas mineras, donde la vida siempre ha ido acompañada de cierto orgullo resistente, reconocerlo en público sigue siendo casi tabú.
La historia de Diego se repite en decenas de hogares. En los informes de la Asociación Española de Pediatría aparece siempre el mismo patrón: sueño muy profundo, desarrollo neurológico más lento y antecedentes familiares. Su padre confiesa que él mismo dejó de mojar la cama “tarde, hacia los ocho años”, aunque nunca se hablaba del tema en casa.
Los especialistas consultados para esta crónica —entre ellos la pediatra madrileña Ana Valero, autora de varios artículos en Anales de Pediatría— insisten en que la cama mojada “no es un acto voluntario ni un signo de inestabilidad emocional”, aunque el estrés cotidiano puede intensificar los episodios. Un profesor demasiado estricto, un cambio de colegio o la llegada de un nuevo hermano pueden servir como detonante en un sistema que ya está al límite.
En el barrio de La Felguera, varias familias consultadas para este reportaje coinciden: lo que más pesa no es lavar sábanas cada día, sino el silencio social. “Si dices que tu crío aún se mea en la cama, parece que lo estás culpando”, comenta un padre. “Aquí somos duros para unas cosas, pero muy delicados para otras.”
En el centro de salud , la enfermera Isabel Cifuentes explica que el estreñimiento crónico, habitual en niños que pasan horas sentados o que sienten pudor para ir al baño en clase, presiona la vejiga y agrava el problema. “La gente no se lo cree, pero un intestino cargado puede complicar muchísimo el control nocturno”, dice.
Pero no todo es frustración. En casa de los Suárez, desde hace semanas, Diego duerme con una pequeña alarma de enuresis. Ese dispositivo, recomendado por revisiones de Cochrane como el método más eficaz, emite un pitido al primer indicio de humedad y entrena al cerebro para despertar antes.
—Los primeros días fueron terribles —recuerda Marta—. Despertarse a las dos de la mañana, cambiarlo, consolarlo… Pero ahora empieza a darse cuenta antes de que ocurra. Está orgulloso.
Ella también. En el patio, mientras tiende la ropa, mira hacia la ventana del niño como quien vigila un brote tierno que por fin asoma. Porque, aunque la enuresis sea “solo una fase”, como repiten los manuales, su impacto emocional en la familia es real.
Y quizá, como ocurre con tantas historias mínimas de la vida doméstica, el remedio empieza por hablarlo sin vergüenza.
Causas de que un niño se mee en la cama
Que un niño se mee en la cama —la famosa enuresis nocturna— es mucho más común de lo que parece. En Asturias y en cualquier lugar del mundo, los pediatras suelen tranquilizar: no implica pereza, ni falta de madurez emocional, ni un fallo de los padres. Es un proceso que mezcla biología, sueño profundo, rutinas familiares y, a veces, experiencias concretas del niño.
Aquí tienes las causas más habituales, con ejemplos y pequeñas anécdotas que suelen aparecer en estudios clínicos y en relatos de pediatras veteranos:
1. Maduración lenta del sistema nervioso
Algunos niños tardan un poco más en desarrollar el control automático de la vejiga durante la noche. No es una enfermedad, es un ritmo distinto.
Un clásico en pediatría es el caso que describe el Dr. Neal Schor en Pediatrics in Review: niños brillantes, habladores, activos… pero cuyo sistema de alarma interno —el que debería despertarlos cuando la vejiga se llena— va “retrasado” respecto a lo esperado.
2. Sueño muy profundo
Hay pequeños que duermen como si fueran mineros tras dos turnos seguidos: caen redondos y no hay estímulo que los despierte.
Muchos padres cuentan que incluso con ruidos, cambios de postura o luz, el niño ni se inmuta. En esos casos, la señal de la vejiga simplemente “no hace suficiente ruido”.
3. Herencia familiar
Cuando preguntas a los padres, suele salir: “yo también meaba hasta los 7 u 8 años”. Las investigaciones del Journal of Urology muestran que si uno de los padres tuvo enuresis, el riesgo del niño sube al 40%; si fueron ambos, al 70%.
4. Vejiga pequeña o hiperactiva
Algunos pequeñines tienen una vejiga de poca capacidad o muy sensible: se llena rápido, o interpreta como urgencia cualquier aumento de presión.
Un ejemplo típico: niños que durante el día van mucho al baño, a veces con carreras apuradas.
5. Estreñimiento crónico
Parece extraño, pero el intestino lleno presiona la vejiga. En pediatría es un motivo clásico de enuresis.
Niños que “aguantan” para no ir en el colegio o que comen poca fibra suelen presentar esta combinación.
6. Cambios emocionales o estrés
No se trata de traumas profundos, muchas veces basta un cambio: un profesor nuevo, una mudanza, la llegada de un hermanito.
En reportajes de The Guardian sobre infancia, varios psicólogos cuentan que la cama mojada es, a veces, un “barómetro” de cómo está gestionando el niño las pequeñas turbulencias cotidianas.
7. Infecciones urinarias
Menos frecuente, pero relevante: si el niño tiene escapes de día, escozor o fiebre, se investiga una infección.
Los pediatras de la Clínica Mayo suelen recomendar un análisis de orina si la enuresis aparece de golpe en un niño que ya controlaba perfectamente.
8. Ingestas grandes antes de dormir
Lácteos, batidos, zumos o agua justo antes de ir a la cama suelen pasar factura.
En las guías clínicas europeas se recomienda limitar líquidos dos horas antes del sueño.
9. Alergias y apnea del sueño
Niños que roncan, respiran mal por la noche o tienen amígdalas grandes pueden sufrir microdespertares constantes… pero ninguno coincide con la necesidad de orinar. La American Academy of Sleep Medicine lo destaca como factor relevante.
Buenas prácticas para manejarlo (sin castigos, sin dramatismos)
Rutina tranquila antes de dormir.
Último pis justo antes de acostarse.
Líquidos moderados por la tarde.
Evitar culpas: la enuresis empeora cuando aumenta la presión emocional.
Si tiene más de 6–7 años y ocurre varias noches por semana, conviene consultar al pediatra para descartar causas médicas.



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