Reparación del lomo y la encuadernación en libros viejos

Reparar el lomo no consiste en “pegar lo que se soltó”. Consiste en entender cómo está construido el libro y respetar su estructura original.
1. Identificar el tipo de encuadernación
Antes de intervenir, hay que saber qué se tiene entre manos.
Los libros más comunes pueden estar:
Cosidos por cuadernillos (grupos de páginas dobladas y unidas con hilo).
Encolados directamente al lomo sin costura visible.
Con sistema mixto (cosido + encolado).
Abre el libro con cuidado y observa el centro de algunos pliegos. Si ves hilo, es cosido. Si solo hay pegamento, es encuadernación encolada.
Cada caso exige un enfoque distinto.
2. Cuando el lomo exterior está dañado pero el bloque está firme
Este es el caso más favorable.
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Señales:
El bloque de páginas sigue unido.
No hay hojas sueltas.
Solo la cubierta o el recubrimiento del lomo está agrietado o desprendido.
Aquí puede bastar con:
Retirar restos sueltos de adhesivo antiguo.
Reforzar el lomo con tela adecuada o papel resistente.
Aplicar adhesivo específico para encuadernación.
Lo importante es no rigidizar demasiado el conjunto. El libro necesita flexibilidad para abrirse sin romperse.
3. Cuando hay páginas sueltas
Si las hojas empiezan a desprenderse, el problema es estructural.
Primero hay que evaluar:
¿Se soltó solo el pegamento?
¿El cosido interno está roto?
¿Faltan fragmentos del lomo interno?
Si el cosido está intacto, puede bastar con consolidar el adhesivo del lomo.
Si el cosido está roto, la reparación es más compleja y puede requerir recoser los cuadernillos.
Aquí conviene actuar con cautela. Un mal recosido puede alterar la alineación del libro y dificultar su apertura.
4. Elección del adhesivo correcto
Este punto es crítico.
Nunca se debe usar:
Pegamento escolar común.
Silicona.
Adhesivos instantáneos.
Estos productos endurecen el lomo y lo vuelven frágil a medio plazo.
En restauración se utilizan adhesivos reversibles y flexibles, que permiten futuras intervenciones si fueran necesarias. La reversibilidad es un principio básico de conservación.
5. Reforzar sin ocultar la historia
No siempre es necesario reconstruir el lomo para que parezca nuevo.
A veces basta con:
Añadir una pieza de refuerzo interna.
Consolidar el material original.
Estabilizar sin sustituir completamente.
El objetivo no es borrar las marcas del tiempo, sino impedir que el deterioro avance.
6. Cuándo no intervenir
Hay libros cuyo valor es principalmente sentimental o de consulta ocasional. Si la estructura está muy debilitada y la intervención supera la experiencia disponible, puede ser mejor:
Guardarlo en una caja de conservación.
Manipularlo lo mínimo posible.
Consultar a un encuadernador profesional.
Forzar una reparación sin conocimiento puede causar daños irreversibles.
Una idea clave
El lomo sostiene el libro, pero también define cómo se abre y cómo se lee.
Una reparación correcta respeta ese movimiento natural.
En restauración, reforzar no significa endurecer. Significa devolver estabilidad sin quitarle al libro su flexibilidad y carácter.
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