
Cómo evaluar el estado de un libro viejo antes de restaurarlo
Antes de reparar, limpiar o pegar nada, hay que detenerse. La evaluación inicial es la parte más importante de cualquier restauración. Un buen diagnóstico evita daños irreversibles y ayuda a decidir qué hacer y qué no tocar.
Este proceso no requiere herramientas complejas. Requiere tiempo, atención y criterio.
1. Observación general
Empieza con el libro cerrado.
¿La cubierta está suelta?
¿El lomo está agrietado o desprendido?
¿El libro se sostiene por sí solo o se abre en abanico?
Aquí no se trata de intervenir, sino de entender el estado estructural.
2. Estado del papel
El papel envejece de distintas formas según su calidad y almacenamiento.
Revisa:
Flexibilidad: dobla ligeramente una esquina (sin marcarla). Si se rompe con facilidad, está frágil.
Color: un tono amarillento es normal; manchas oscuras o irregulares pueden indicar humedad.
Textura: si el papel se siente polvoriento o se deshace al tacto, requiere extrema precaución.
Los libros del siglo XX suelen tener papel con alto contenido ácido, lo que acelera su deterioro. Eso explica por qué algunos no tan antiguos pueden estar más dañados que otros más viejos.
3. Señales de humedad y moho
Este punto es crítico.

Manchas circulares o irregulares.
Olor fuerte a humedad.
Puntos negros, grises o verdosos.
Si detectas moho activo, no cierres el libro ni lo guardes con otros. Aíslalo. La evaluación aquí no es solo estética; afecta a la conservación futura y a la salud.
4. Encuadernación y cosido interno

Revisa:
Si los cuadernillos internos siguen unidos.
Si el hilo de cosido está intacto.
Si las guardas (las hojas que unen el bloque con la tapa) están despegadas.
Un lomo roto no siempre implica que todo el libro esté perdido. A veces el bloque interior está firme y solo necesita refuerzo externo.
5. Daños específicos
Haz una lista concreta de problemas:
Páginas rasgadas.
Esquinas dobladas.
Subrayados o tinta corrida.
Páginas faltantes.
Anotar los daños ayuda a planificar la intervención. Sin un registro, es fácil olvidar detalles o actuar sin orden.
6. Determinar el nivel de intervención necesario
No todos los libros necesitan una restauración profunda.
Pregúntate:
¿El daño avanza o está estable?
¿El libro se puede manipular sin riesgo?
¿Es un libro de uso frecuente o solo de conservación?
A veces basta con estabilizar y mejorar el almacenamiento. Otras veces sí conviene intervenir.
Una regla sencilla
Si no estás seguro, no pegues nada todavía.
Muchos errores en restauración doméstica vienen de actuar demasiado rápido. Un adhesivo inadecuado puede causar más daño que el problema original.
Evaluar bien es el primer acto de cuidado. Y en restauración, el cuidado vale más que la prisa.
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