—¿Te acuerdas de cuando corríamos por el parque? —preguntó Epi con nostalgia.
—¡Sí! —respondió Blas—. Ahora solo corro cuando suena el microondas.
De jóvenes perseguían balones, autobuses y sueños imposibles. Ahora perseguían las gafas, el mando de la televisión y alguna palabra que se les escapaba justo cuando iban a pronunciarla.
Antes discutían sobre quién llegaría primero hasta la fuente. Ahora discutían sobre quién debía levantarse a comprobar si habían cerrado la puerta.
—Podríamos volver a correr —propuso Epi.
—Por supuesto —contestó Blas—. Mañana empezamos.
En ese momento sonó el microondas.
Blas se levantó del sofá con una agilidad desconocida, adelantó a Epi por el pasillo y llegó triunfante a la cocina.
—¡Todavía conservo mi velocidad!
—Sí —reconoció Epi—, pero antes corrías para ganar una carrera y ahora corres para que no se enfríen las croquetas.
Los dos se echaron a reír.
Habían envejecido, era verdad, pero también habían aprendido algo importante: la vida no deja de tener metas; simplemente las acerca un poco más al sofá.
Texto creado con Chat GPT
Imagen descargada de la red.
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